Toma de Casa Central: Única Solución
La primera vez que se tomaron la Casa Central de la Universidad de Chile fue en 1938. En esa ocasión fue ocupada por un grupo de jóvenes nazis que protagonizarían la Matanza del Seguro Obrero. 70 años más tarde, y con una decena de tomas entre medio, el edificio emblemático de nuestra casa de estudios vuelve a ser ocupado por sus estudiantes. Una decena de lienzos cubren el frontis mientras más de un centenar de personas duerme en el Salón de Honor cuando, al cierre de esta edición, la toma cumple una semana y el futuro aún se torna incierto.
Por Romina Reyes
Los amplios patios de baldosa de la Casa Central de la Universidad de Chile hacen que el frío sea más intenso. Es junio y el tímido invierno se hace sentir pasadas las 6 de la tarde, cuando el centro de Santiago se desocupa lentamente. Es un día cualquiera, pero la decena de lienzos colgados en el frontis del edificio universitario y un pañuelo cubriendo el rostro de Andrés Bello indican que la casa está tomada.
Día viernes. Luego de las actividades de la mañana, el público presente en la toma ha bajado. Durante el día, los estudiantes de medicina y enfermería tomaron la presión gratis a los transeúntes. Gente de veterinaria pintó sus cuerpos para protagonizar una pequeña intervención en Plaza de Armas. Un piño interdisciplinario se organiza para machetear en el paseo Ahumada. Adentro, Editorial El Ágora transmite la toma sin interrupción vía Twitcam mientras una improvisada radio se encarga de transmitir hacia afuera las demandas de los estudiantes en el año de la educación superior.
La Toma va
Fue el jueves 9 de junio. Después de un carnaval organizado en las afueras de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, los asistentes entusiasmados prosiguieron una pequeña marcha por el centro de Santiago que culminaría en el frontis de Casa Central. Horas antes, algunas asambleas habían discutido la posibilidad de tomarse el recinto mientras otras facultades plantearían la toma para el día siguiente. Minutos antes de llegar a Alameda 1058, se escuchaba en la caravana “la toma va, la toma va”. Al llegar a la Alameda, la alternativa era una sola.
Algunos estudiantes trataron de abrir la puerta principal, otros se metieron por el patio que da a San Diego. Desde allí quebraron un vidrio para poder ingresar al edificio y abrir la puerta principal al centenar de personas que aguardaba en el frontis. Una vez abierta la puerta, la gente se agolpó para entrar. El hall de Casa Central se encontraba colmado de estudiantes que gritaban “Universidad de Chile, libre y gratis”. La Casa estaba tomada.
Una asamblea de Centros de Estudiantes ratificó la toma que terminaría de consolidarse al día siguiente con total apoyo y la sola abstención del centro de Estudiantes de ingeniería. Esa misma noche, cerca de 500 personas pasarían la noche en la Casa de Bello.
Táctica y Estrategia
Dentro del patio Domeyko, se pintan lienzos, se cuenta dinero del tarreo y se organizan actividades. Hay dos ollas sobre una mesa. Una tiene fideos y la otra, una salsa hecha con vienesas. Junto a esto, hay platos de plástico, los mismos con los que se sirve torta en los cumpleaños. “Sírvase, compañera” dice alguien. “Hay comida, pero no hay tenedores”. En otra mesa hay té, pero no hay agua ni vasos. En las tomas siempre falta algo, pero siempre hay ingenio para suplirlo.
Algunos ocupan la tarde para dormir. Otros aprovechan de ir a sus casas a bañarse y a cambiarse de ropa. En el patio trasero se organiza una pichanga. Ya va una semana de toma y los ánimos siguen en pie.
Desde el Salón de Honor, alguien toca el piano. En unas horas más, el mismo salón se llenará con los asistentes a la asamblea donde se determinarán los próximos pasos a seguir. Esta vez el futuro está en nuestras manos.






0 Comentarios
Escribe algo y consigue el honor de ser el primero en comentar.