Repudio a… el uso de animales en las marchas
El puntaje del tradicional juego chileno llamado ‘rodeo’ se mide según la parte del cuerpo en la que se golpea a la ternera. En España, el torero que logra desangrar más rápido al bovino, es quién más recibe rosas rojas. Los circos están llenos de animales tristes y los monos de contrabando aprenden a fumar y a usar drogas.
El maltrato a los animales es repudiado en el mundo entero y Chile, lejos de avanzar, acaba de estrenar las últimas maquinas de represión animada. Los caballos y perros usados en las marchas comenzaron a salir desde el 2011 para crear en nuestros corazones álgidos de humanidad, una extraña sensación de miedo y pena.
En la Segunda Guerra Mundial, 200.000 canes alemanes fueron utilizados en estrategias militares: buscaban bombas, judíos y hasta se tiraban en paracaídas. Es una práctica aprendida con los más altos estándares de violencia. Los perros de los pacos, por ejemplo, andan con bozales para evitar morder a la gente. El bozal amedrenta mucho más que un hocico libre, es tan terrorífico como Hannibal Lecter, o como usar una linterna en medio del campo.
La majestuosa corpulencia de un caballo bajo la brutalidad de un paco de fuerzas especiales, nos recuerda aquella mítica imagen que nuestro inconsciente de vidas pasadas debe tener: nosotros, indígenas, contra esa mole de asesinato compuesta por un caballo y un español portando pesadas armaduras. Los indios se dieron cuenta que matando al caballo, el español quedaba indefenso en su concepción centáurica. Pero en el siglo XXI, ya sabemos que el caballo y el perro son sólo seres que en su pequeña inocencia animal fueron utilizados como herramientas de represión y salvajismo, a manos de personas que son mucho más “animales” que ellos.
Repudiamos el uso de animales, no sólo por una cosa de respeto a especies inocentes ni por la propagación del abuso de poder en todo sentido: abusando del animal para abusar del estudiante. Sino también apelando a la valentía de las fuerzas especiales. Los animamos a soltar a los perros y a bajarse del caballo, para enfrentar las situaciones con justo estoicismo. Y adherimos a ese cántico que dice “liberar, liberar al hermano animal” porque comprendemos que no sólo va dirigido a los perritos o caballos, sino también al carabinero, quien –por mucha rabia que nos produzca su abusiva violencia– producto de la marginalidad del sistema y de la institución que lo entrenó, ha perdido su humanidad y se ha vuelto mucho más brutalmente instintivo que humanamente noble







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