Destacados, Reportaje — 29 - 11 - 2011 22:53

¿Es posible una universidad al servicio de la transformación social y el cambio global?

Al final del 2011 la pregunta crucial es: ¿Cómo proyectamos el movimiento por la educación en Chile? ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar? Una alternativa es reformar la universidad para ponerla al servicio de la transformación social ¿Qué significa construir una universidad para la emancipación y la transformación social? ¿Cómo es posible que esta lucha tenga un impacto global? ¿Estamos exagerando? Júzguelo usted mismo.

Por Camilo Salas

“El modelo chileno es un espejo de la mundialización mercantil de la educación universitaria. Golpear el lugar donde se origina esta concepción es un aporte a la humanidad y a la lucha emancipatoria de los pueblos”, comenta el economista argentino miembro del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), Julio Gambina.

La mercantilización de la educación superior (Esup) fue un proceso deliberado de la política del terrorismo de Estado de las dictaduras militares en el cono sur, y que luego se proyectaron a escala mundial. Con las reformas educativas del Régimen Militar, ejecutadas a comienzos de 1980, Chile se convirtió en pionero mundial en la instalación del mercado de la Esup. Por esto “es muy importante que la juventud chilena sea la que esté evidenciando los límites que tiene aquello que es el orgullo de las derechas y de los conservadores mundiales, porque si hubo un lugar donde la educación se transformó en mercancia, ese lugar es Chile”, dice Gambina. Como afirma el Presidente de la Federación de la USACH, Camilo Ballesteros, “hoy día entendemos que Chile era un modelo que todo el mundo lo veía como el ejemplo a seguir”.

Así, desde el inicio de las movilizaciones, no sólo nos hemos venido enfrentando al gobierno de turno y a otros poderes fácticos, también vamos en contra de los criterios de globalización de la Esup dictados por el Banco Mundial y otras instituciones de orden global. Desde el espacio local chileno, nuestro movimiento choca con el plan históricomundial del neoliberalismo en materia de Esup. Se ha dicho en varias ocasiones: el movimiento social por la educación en Chile está haciendo historia. Depende del movimiento decidir que tan lejos llegar. Esto podría terminar como un mayo del ‘68 o, como sugieren vigorosas voces, como un proceso de repercusión mundial ¿Cuáles son las alternativas con las que es posible proyectar el movimiento para los años venideros?

UNIVERSIDAD “PÚBLICA”

El primer vicerrector de extensión de la Universidad de Chile (vicerrectoría creada el 2006), Francisco Brugnoli, señala que un problema de las movilizaciones ha sido abogar por la gratuidad sin hacer hincapié en el sentido público de la Esup. “¿Yo quiero educación gratuita sólo para sacar renta de mi título? La educación pagada me ha creado esa cultura. En vez de recibir un beneficio del Estado y sentirme en deuda con el país, yo estoy comprando un bien de consumo, como dijo el presidente”.

Sin embargo, ¿Acaso la universidad no ha sido siempre un medio de ascenso de las capas medias? De acuerdo al profesor Carlos Perez Soto, “el problema es que el ascenso social no puede ser la misión de la universidad. Si las universidades estatales en este momento sólo están formando profesionales para el mercado, entonces cabe hacer una reforma universitaria”.

Tradicionalmente, la universidad pública tiene la misión debe entregar conocimiento (docencia), generar conocimiento (investigación) y vincularse con el medio (extensión). ¿Pero qué docencia, investigación y extensión debe generar una universidad “pública” y estatal en el marco de un Estado neoliberal? Es por esto que Gambina dice que, en estos momentos, no alcanza con hablar de universidad pública: “el desafío que tenemos hoy en América Latina es construir una universidad para la liberación”.

EMANCIPACIÓN SOCIAL Y REFORMA UNIVERSITARIA

¿Qué es una reforma universitaria? El proceso más visible durante la reforma universitaria chilena (1967-73) fue la democratización institucional. Las ocho universidades que había entonces llegaron a escoger a sus rectores y sus principales autoridades con un voto ponderado triestamentalmente. Hoy, el movimiento busca derogar artículos específicos del Decreto con Fuerza de Ley Nº 2, ya que prohíben explícitamente que los estudiantes y los funcionarios participen en la elección de rectores y decanos.

Sin embargo, todavía no aparece lo más importante ¿Por qué realizar una reforma universitaria? ¿Para qué la democratización? Para construir una “universidad para la emancipación”. ¿Pero qué es eso de construir una universidad para la emancipación? Se trata de crear una universidad al servicio de la liberación del pueblo, una universidad que genere un vínculo transformador con lo social para construir una sociedad emancipada y no neoliberal. Gambina dice que “el desafío que hay para toda América Latina es una universidad que sirva a las necesidades de los pueblos, y la necesidad de los pueblos no es sólo la crítica a las políticas neoliberales, no es sólo la crítica al desarrollo capitalista contemporáneo, sino que es la perspectiva de desarrollar una nueva sociedad”.

“Deselitizar la universidad”. Este es un consenso histórico y amplio en el movimiento estudiantil: la composición de su matrícula debe ser representativa de los estratos socioeconónimos de la sociedad. Carlos Perez dice que “la única manera de que las universidades estatales no sean selectivas y discriminadoras, es triplicar, cuadriplicar la matrícula”. De acuerdo al profesor Perez, el Estado debe ser capaz de cubrir el 100% de la demanda de Esup. Así, el estudiante verdaderamente puede escoger donde estudiar.

¿Qué significa generar una vinculación transformadora con la sociedad? Siguiendo con Pérez, la universidad debe crear mecanismos institucionales para vincularse de forma permanente con la sociedad, para estar con los movimientos populares, las juntas de vecinos, los sindicatos, etc. Se debe empoderar a la población con el conocimiento científico más sofisticado que existe. Por ejemplo, “son los arquitectos los que tienen que ir al campo e ir a la ciudad a revalorizar el adobe, a revalorizar los materiales no convencionales y la autogestión energética de una casa. Todo eso lo saben los arquitectos más sofisticados. Hoy en día, los arquitectos usan eso para hacer negocio”.

Sin embargo, tampoco se trata de llevar un conocimiento desde el templo del saber universitario a una población desposeída, como bien reclamaría el educador popular. Aquí es donde se debate lo que técnicamente es conocido como “extensión universitaria”. Durante la Reforma chilena empezó a debatirse la idea de una “extensión interactiva”, donde se postulaba un modelo de producción de conocimiento en base a la interacción universidad-sociedad. Brugnoli, quien participó del proceso reformista, dice que “lo que yo comunicaba como conocimiento, entraba –de alguna manera- en debate, en experimentalidad al ser comunicado”. Se pasaba de una “extensión dadivosa” a una extensión que consideraba la participación de un sujeto activo a la comunidad. Como sabemos, la Reforma terminó con el ‘73.

Ahora bien, lo que muere en la historia siempre puede volver a ser convocado. Gambina dice que hay que articular el saber de los intelectuales con el saber popular: “no todo está en los libros, mucho está en el pueblo. Hay que acercar la intelectualidad a los trabajadores y los trabajadores a la intelectualidad, potenciando el movimiento universitario”.

¿Universidad para la emancipación? Cada estudiante y académico comprometido con el cambio social debe pensar los límites y posibilidades de sus disciplinas para construir, en conjunto con la sociedad, un conocimiento para la transformación social. Un día escuché decir a un estudiante en “los pastos” de JGM que, si actividades prácticas como los “voluntariados” se integrara al currículum obligatorio, sería posible disputarle al Estado el modelo de desarrollo del país. El riesgo es el “asistencialismo”, y la guía política para el proceso está en la cita recurrente: “de lo que se trata es de entender la realidad para transformarla”.

GLOBALIZACIÓN CONTRAHEGEMÓNICA

La mercantilización global de la Esup requiere de una respuesta global. Situaciones drásticas requieren medidas drásticas. De ahí que existan autores como el sociólogo brasileño, Boaventura de Sousa Santos, que proponen una globalización contrahegemónica de la universidad. Además, el autor llama a desarrollar una “epistemología del sur”, un modelo de conocimiento basado en el cruce de distintos conocimientos de tipo científico con las experiencias de todos los pueblos del mundo oprimidos por la colonización y la globalización.

Decir que hay un conocimiento por construir ya es lo suficientemente desafiante como para suponer que cada movimiento local debiera descubrir la pólvora de manera independiente. “No se puede pensar una reforma universitaria en Chile si no es en perspectiva de interacción y de articulación con los otros procesos de debate en la región latinoamericana, con las experiencias de la universidad bolivariana, con las experiencias de universalización de la universidad cubana, con las experiencias de lucha de la izquierda y el movimiento popular en las universidades públicas de todos nuestros países”, apunta Gambina.

¿Qué nos tiene que decir la experiencia boliviana de la creación de universidades trilingües e indígenas que promueven la anticolonización? ¿Qué han aprendido las teorías de la organización y la economía de la experiencia de los trabajadores de las fábricas tomadas en Argentina? ¿Qué puede enseñarnos el concepto de soberanía energética creado por los movimientos rurales latinoamericanos? Aunque suene paradojal, una estrategia para que la lucha universitaria se vincule con fuerza al resto de las causas populares, es que la universidad se cambie así misma pensando cambiar la sociedad.

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